ALGUNOS PARRAFOS DE LING YUTANG EN «LA IMPORTANCIA DE VIVIR»

«Por fortuna, el hombre está también dotado del sentido del humor, cuya función, según la concibo, es la de ejercer la crítica de los sueños del hombre, y ponerlos en contacto con el mundo de la realidad. Es importante que el hombre sueñe, pero es quizá igualmente importante que pueda reírse de sus sueños. Este es un gran don, y los chinos lo tienen en abundancia. El sentido del humor, del que trataré con mayor extensión en un capítulo ulterior, parece estar muy íntimamente relacionado con el sentido de la realidad.»

«Muy contento estoy de no sobresalir, de aterrarme al suelo, de ser semejante a la tierra. Mi alma serpentea cómodamente en la tierra y la arena, y es feliz. A veces, cuando se embriaga uno con esta tierra, el espíritu parece tan ligero que cree que es el cielo. Pero en la realidad pocas veces se alza dos metros sobre el suelo.»

«Pero hay un placer mayor en recoger una perla pequeña entre las cenizas que en mirar una más grande en la vidriera de un joyero. No soy profundo, ni muy leído. Si uno es demasiado culto, no sabe cuándo el bien es bien y el mal es mal. No he leído a Locke, a Hume o a Berkeley, ni he seguido un curso universitario de filosofía. Técnicamente, mi método y preparación están mal, porque no leo filosofía, sino que leo la vida de primera mano.»

«El filósofo chino sueña con un ojo abierto, considera la vida con amor y dulce ironía, mezcla su cinismo con una bondadosa tolerancia, y alternativamente despierta del sueño de la vida y vuelve a adormecerse, pues se siente con más vida cuando está soñando que cuando está despierto, con lo cual inviste a su vida en vela de una cualidad de mundo de ensueños. Ve con un ojo cerrado y otro abierto la inutilidad de mucho de lo que ocurre a su rededor y de sus propias empresas, pero conserva suficiente sentido de la realidad para decidirse a seguir adelante. Rara vez se desilusiona, porque no tiene ilusiones, y rara vez se decepciona, porque nunca ha tenido esperanzas extravagantes. De esta manera está emancipado su espíritu.»

«Los siguientes hechos, que distinguen al hombre de los animales: Primero, que tiene una juguetona curiosidad y un genio natural para explorar el conocimiento; segundo, que tiene sueños y un elevado idealismo (a menudo vago, o confuso, o erróneo, es cierto, pero valedero de todos modos); tercero, y aun más importante, que puede corregir sus sueños por un sentido del humor, y restringir así su idealismo por medio de un realismo más robusto y más sano; y finalmente, que no reacciona mecánica y uniformemente ante lo que le rodea, como hacen los animales, sino que posee la capacidad y la libertad para determinar sus propias acciones y cambiar a voluntad lo que le rodea. Esto último es lo mismo que decir que la personalidad humana es lo último que se reduce a leyes mecánicas; en cierto modo, la mente humana es siempre elusiva, incaptable e impredictible, y consigue escapar de las leyes mecánicas o de la dialéctica materialista que tratan de imponerle los psicólogos chiflados y los economistas solteros. El hombre, por lo tanto, es una criatura curiosa, soñadora, jocosa y díscola. En suma, mi fe en la dignidad humana consiste en la creencia de que el hombre es el más grande bribón sobre la tierra.»

«Las cualidades de bribonería del hombre son, después de todo, sus cualidades más promisorias. Este bribón que produjo el Creador es indudablemente un tipo brillante. Es aún un adolescente muy indócil y desmañado, que se cree más sabio y más grande de lo que es en realidad, que todavía está lleno de travesuras y pillerías, y de amor por una buena refriega. No obstante, hay tanto de bueno en él que quizá el Creador esté dispuesto todavía a poner en él sus esperanzas, tal como un padre pone a veces sus esperanzas en un hijo de veinte años, brillante pero algo irresponsable.»